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La Nueva Domus de
Livia
Si te Atreves...
by Livia
—Hermione encontró el cuaderno y me lo trajo corriendo al Ministerio, cuando estaba a punto de tomar el traslador —explica Harry, siendo el primero en hablar.
—Y no te has ido…
—No, no me he ido. Hermione les dirá que tengo gripe…
Draco sonríe.
—Entonces, tenemos… ¿una semana?
—Mi gripe es muy fuerte y contagiosa —sonríe también Harry—. Pero tendré que irme, de todos modos.
El rostro de Draco se ensombrece un poco.
—Pero volveré para las vacaciones de verano —aclara inmediatamente Harry—. Se trata de un fastidioso intercambio de profesores entre Hogwarts y Durmstrang. Solo estaré allí hasta final de curso.
Claramente aliviado, Draco da unos pasos hacia Harry.
—Espero que haya una chimenea conectada a la red flu internacional —dice—. Porque pienso visitarte con frecuencia… si te parece bien.
—Espero que lo hagas.
Harry traga saliva sin apartar la mirada de Draco, que ahora está tan cerca de él que puede oler la fragancia de la fina colonia que lleva. Y descubrir el hermoso gris de sus ojos, en el que nunca se había fijado. El leve sonrojo de su tez, habitualmente tan pálida. Sus labios entreabiertos, incitándole a probarlos… Así que, en un arrebato, le agarra por la pechera del jersey y le pega a sus labios. Y Draco se engancha a ese beso como si todo lo que necesitara para seguir viviendo fuera esa boca. Y se pregunta qué hará cuando Harry se vaya a Bulgaria y esté falto de maravillosos besos como éste. Imposible ya vivir sin ellos. Y se le van las manos por debajo de la sudadera de Harry, arremangando la camiseta que lleva debajo, buscando piel. No puede evitar pensar, es él, el hombre que ha estado esperando mientras se perdía en una relación que no le llevaba a ninguna parte. Sus manos se deslizan por piel suave y caliente y suspira un poco, todavía amarrado a un beso que ninguno de los dos quiere terminar.
—Esto promete… —susurra unos segundos después, buscando aire.
Y Harry le sonríe, con las gafas un poco empañadas y su rostro prendido en rubor. Sus labios, rojos y húmedos, incitan a Draco a volver a besarle, esta vez de forma más ardiente, más posesiva. Le excita que Harry luche ese beso con la misma fuerza y empeño que él. Y, está vez, sus manos abandonan la sedosa espalda para anclarse sobre las nalgas del profesor, que se adivinan duras y perfectas bajo sus pantalones. Así que decide comprobarlo deslizándolas por debajo de los vaqueros de Harry, sorteando la tela del slip hasta conseguir posarlas sobre piel caliente y suave.
—¿Voy demasiado de prisa? —pregunta, jadeando un poco, completamente excitado.
—No, que va… —niega Harry con vehemencia, mientras decide que a Draco le sobra ropa y se lleva camisa y jersey de un solo tirón, dejándolos colgando de sus brazos, estrujados entre sus estómagos, porque las manos de Draco están deliciosamente atoradas dentro de sus pantalones en este momento.
Draco sonríe de medio lado, también sonrojado y con el pelo alborotado por el brusco arranque de ropa.
—Vamos a por todas, ¿eh?
Harry contempla con anhelo el blanco marmóreo de su torso y se humedece los labios.
—No soy tan promiscuo como puedas estar pensando en este momento… —dice después, en un arrebato de decencia, preguntándose por un momento qué pensará Draco de su impetuoso proceder.
Pero Draco no puede evitar soltar una carcajada.
—Yo solo pienso en tumbarte en alguna parte y bajarte los pantalones, Potter. Creo que eso nos sitúa al mismo nivel de promiscuidad.
—Entonces, demuestra tu Extraordinario en Transformaciones… —le reta Harry, de nuevo seguro de sí mismo y de lo que quiere.
Con una sonrisa traviesa en los labios, Draco pasea la mirada por el desván, y, finalmente, decide transformar una vieja estantería en una colchoneta. Abandona con renuencia el cálido lugar en el que habitaban sus manos para buscar la varita. Harry observa el resultado con un poco de escepticismo. Pero también es cierto que no había mucho dónde elegir.
—Bien, ¿dónde estábamos? —pregunta Draco, satisfecho de sí mismo.
—En que ibas a tumbarme en alguna parte y bajarme los pantalones —responde Harry en tono insinuante.
—Y ya tienes dónde tumbarte —sonríe Draco, señalando la colchoneta—. Pero antes…
Como había hecho hace unos momentos Harry con él, la sudadera y la camiseta que lleva el profesor abandonan su cuerpo de un tirón.
—Joder… no te recuerdo así en el colegio… —musita Draco, embelesado.
—¿Cuándo me viste tú así en el colegio? —se ríe Harry, dando una vuelta sobre sí mismo, exhibiendo músculos firmes y marcados.
Pero Draco no responde, sino que se lanza sobre él para besarle con pasión renovada, hasta caer ambos sobre la colchoneta de la que se eleva una nube de polvo. Harry, debajo de Draco, se queda sin respiración, a punto de partirse la espalda.
—No es muy blanda que digamos —jadea.
—Trabajo con lo que tengo, Potter, no seas quejica…
—Menudo profesor de Transformaciones serías —se burla Harry, mientras trata de recuperar el aliento.
Y cuando Draco se queda de pronto serio, Harry piensa que le ha ofendido y que hasta aquí ha llegado todo.
—Oye, era broma… —balbucea.
Draco sigue mirándole unos segundos más, antes de reconocer:
—Mi única experiencia completa es con mujeres…
Y, como el caballero que es, no va a decirle lo quisquillosa que era Astoria cuando no acariciaba el lugar preciso, de la forma precisa y no seguía sus precisas instrucciones sobre cómo quería que lo hiciera. Por la mirada que le dirige Harry, Draco también piensa que hasta aquí ha llegado todo.
—Y la mía en rupturas —confiesa Harry—. Siempre ha sido bastante difícil para mí encontrar una pareja estable —acaricia la mejilla de Draco, quien sigue mirándole con cierta desolación—. Pero lo que sí puedo decirte es que soy bastante versátil y que, si para ti es más fácil empezar follándome, a mí no me importa.
—¿En serio? —pregunta Draco, como si no pudiera creer lo fácil que se lo ha puesto Harry.
—En serio —responde el profesor, sonriendo con una calidez que derrite al hombre que ha dejado de ser misterioso.
—Sin embargo, te alegrará saber que sí tengo experiencia en alguna cosa… —sonríe también Draco, empezando a bajarle los pantalones.
Cuando toda la intimidad de Harry queda por fin al aire, Draco alza una ceja mientras observa con atención el hermoso pene del profesor, evaluando si, cuando esté completamente erecto, le cabrá en la boca. No tiene tanta experiencia, después de todo. Solo ha hecho un par de mamadas en el cuarto oscuro de un club del Soho, a muggles que después desmemorizó, tras dejarlo con Astoria e iniciar su propia exploración del mundo gay. Cosa que no va a confesar, claro está. Harry carraspea un poco y Draco levanta la mirada hacia él. Está un poco sonrojado, como si le avergonzara estar tan expuesto. Entonces, Draco le sonríe con determinación y toma su miembro con la mano. Harry da un pequeño respingo.
—Lo siento —se disculpa—, tienes las manos un poco frías.
Draco se las frota con vigor durante unos segundos antes de posarlas sobre los muslos de Harry y acariciarlos.
—¿Mejor?
Harry asiente. Y le sonríe con confianza, dándole ánimos. Tiene la sensación de que Draco los necesita. Pero, cuando se inclina sobre él y le engulle, Harry se queda sin respiración. Al principio, es una mamada un tanto atropellada, pero a la que Draco le está poniendo mucho empeño.
—Solo un poco más… despacio —susurra Harry, poniendo una mano en su cabeza, como si quisiera frenarle.
Draco empieza a chupar más lento, a un ritmo más relajado. Su mano, ahora tibia, se cierra en la base de la erección de Harry, oprimiéndola un poco, mientras su lengua lame alrededor de la punta. Un genuino gemido escapa por primera vez de la boca de Harry.
—Oh, Dios, sigue haciendo eso con la lengua…
Aun y con la boca ocupada, Draco sonríe. Ahora chupa el miembro de Harry suavemente, acariciando sus testículos de vez en cuando, utilizando su lengua de la forma en que ha visto que al profesor le gusta. Harry está completamente erecto y a Draco empiezan a dolerle un poco las mandíbulas. Supone que es cuestión de práctica.
—Ahora… un poco más fuerte… —jadea Harry.
Y Draco se pone a ello, chupando con ganas, deseando hacerle terminar antes de quedarse sin quijada. Poco después, el cuerpo de Harry se sacude y empieza a eyacular, llenando su boca. Tras unos segundos de indecisión, decide que Harry apreciará que se lo trague.
—Eso ha sido… increíble… —suspira Harry.
Draco se incorpora un poco para observar mejor el resultado de su arduo trabajo. Harry está desmadejado sobre la dura colchoneta, respirando todavía agitado, su rostro completamente sonrojado. Draco sonríe, orgulloso de sí mismo. Después de todo, no era tan difícil.
Tras unos momentos, Harry se incorpora sobre sus codos y le mira con una sonrisa traviesa en los labios.
—Te toca…
Al principio, Draco piensa que va a devolverle la misma clase de favor. Pero, tras tumbarle de espaldas sobre la colchoneta, Harry alcanza su propia varita y ejecuta un par de hechizos completamente desconocidos para Draco sobre su entrada. Incluso, a Draco le ha parecido que ha introducido la punta de la varita en su culo, pero no está muy seguro. Harry se estremece un poco, como si le hubiera dado un repentino escalofrío.
—Ya te los enseñaré —dice después, al darse cuenta de la atenta mirada de Draco.
Harry ejecuta un nuevo hechizo dirigido directamente sobre el pene de su compañero, el cual se lubrica inmediatamente.
—Ese es bueno —musita Draco. Después mira a Harry con el ceño un poco fruncido—… ¿No dijiste que apenas tenías experiencia?
Harry suelta una risita.
—Dije que siempre había sido difícil para mí encontrar una pareja estable. No que no tuviera experiencia… Además, todos estos hechizos están en El Placer del Sexo Mágico Gay.
—Supongo que verlo en vivo y en directo no es como leerlo —se excusa Draco, un poco avergonzado.
Harry le sonríe mientras toma el pene de Draco en la mano, el cual ha decaído un poco, y lo acaricia unos momentos para hacerlo revivir. Después, se sienta a horcajadas sobre él y empieza a introducirse el húmedo miembro de su compañero, abriendo paso lentamente en su cuerpo.
—Joder… estás tan apretado… y caliente… —jadea Draco, con los ojos fijos en cada movimiento que ejecuta el profesor.
Harry tiene los ojos cerrados, con expresión concentrada, y una pequeña mueca en los labios. Por un momento, Draco se pregunta si le está doliendo. Pero cuando después del lento descenso le engulle por completo, Harry se queda quieto unos instantes, su expresión mucho más serena, y abre los ojos para mirarle. Draco no se da cuenta de que ha estado reteniendo el aire, demasiado concentrado en no sucumbir excesivamente rápido a la enorme y placentera sensación.